LOS MIEMBROS DE LA COMUNIDAD MONÁSTICA

Los miembros de la comunidad monástica. Los monjesEn un monasterio cisterciense, además de la comunidad religiosa, se asentaba un número variable de personas cuya vida estaba vinculada al cenobio. Vivían en granjas o caseríos, trabajando en las fincas del monasterio o cuidando las cabañas ganaderas.

Además estaban los conversos, los novicios y miembros de la familia monástica, que se alojaban en el propio monasterio.

Los monjes, debían ser de origen noble y tener cierto nivel de estudios. Su hábito estaba constituido por una túnica blanca, escapulario negro con capucha, cinturón, una cogulla amplia y calzado. En un cenobio pequeño el número mínimo de monjes era de doce más el abad, pero en los más grandes podían llegar a ser hasta quinientos. El más importante es el abad, autoridad máxima del monasterio que goza de independencia de los obispos. Al cillero le correspondía la intendencia del monasterio y estaba al cuidado y administración del almacén o cilla. El maestro de novicios cuidaba y preparaba a los jóvenes que residen en el monasterio, con el fin de convertirse finalmente en monjes tomando el hábito. El sacristán atendía la iglesia. También había hermanos porteros, roperos, escribanos, maestros de obras, cantores, enfermeros, boticarios, hospitaleros, refitoleros (que cuidan el refectorio), maestros de conversos, encargados del calzado, etc.

Los miembros de la comunidad monástica. ConversosLos conversos eran hermanos laicos. Su dedicación estaba encaminada a la producción agropecuaria y otras tareas económicas dentro del conjunto del monasterio y en sus granjas. Vestían un hábito de color más oscuro y más corto y vivían en los edificios del monasterio sin compartir los espacios destinados a los monjes de coro.

La familia monástica estaba constituida por hombres, mujeres y niños que vivían en las cercanías del monasterio y trabajaban para los monjes.

Los viajeros y laicos podían vincularse circunstancialmente a la vida del monasterio alojándose en la hospedería. Así como los enfermos pobres e indigentes, que recibían ayuda y cuidados en algunos de estos monasterios a los que acudían para recibir tratamiento en el hospitium, recibir limosnas, comida, etc.